Comarca de Ventania · Sierras Australes Bonaerenses

La historia de la tierra donde nace Jardines del Pillahuinco

Miles de años de pueblos, sierras y fronteras en el sur bonaerense, contados en una recorrida breve y clara.

Pillahuincó, el «arroyo de las achiras»

El arroyo que da nombre a este lugar baja de las sierras del Sistema de Ventania, en el sur de la provincia de Buenos Aires. En lengua de los pueblos de la pampa, Pillahuincó se traduce como «arroyo de las achiras», esas plantas acuáticas de flores blancas y amarillas que todavía crecen en sus orillas cada primavera.

Una leyenda pampeana recogida en Coronel Pringles cuenta que las achiras nacieron de la tribu del cacique Cañigán, transformada mágicamente tras caer frente al avance de los conquistadores. Es un relato literario, no un documento histórico, pero sintetiza bien lo que sí ocurrió en estas tierras: un mundo indígena antiquísimo y su choque con la ocupación del territorio en el siglo XIX.

«Viajero, cuando cruces el Pillahuincó, detente un momento frente a las achiras y deja un pensamiento o una oración, cualquiera sea, en memoria de los que fueron.»

Leyenda del Pillahuincó — texto de Aldo Pirola, ilustraciones de Julia M. Vitale de Artola (Pringles, 1993)

Miles de años de cazadores y recolectores

De la megafauna a las tolderías de la pampa

La región pampeana estuvo poblada por grupos humanos desde hace unos 11.000 años, cuando el clima era más frío y seco y todavía convivían con megafauna hoy extinta —gliptodontes, megaterios y otros grandes herbívoros—. Eran cazadores-recolectores que se movían siguiendo el agua, los pastizales y la caza, sobre todo el guanaco.

En el propio Sistema de Ventania, las investigaciones arqueológicas documentan una ocupación humana de al menos unos 6.000 años. Las sierras no eran un lugar cualquiera: ofrecían agua segura, piedra para fabricar herramientas, cuevas y aleros donde refugiarse. Los grupos practicaban una trashumancia estacional: en verano subían a las faldas de las sierras buscando aguadas y en invierno bajaban a las zonas más protegidas de la llanura.

Arte rupestre

Los equipos de arqueología han relevado más de 30 cuevas y aleros con pinturas rupestres en Ventania, en su mayoría motivos abstractos asignados al Holoceno Tardío. Sitios como la Gruta de los Espíritus o Cueva Florencio conservan estas huellas.

Piedras paradas

Se han registrado unas 60 estructuras de piedra —piedras paradas, pircados y corrales— vinculadas al manejo del ganado y a usos rituales. Son parte de lo que los especialistas llaman el «paisaje monumental» de las sierras.

Lugares sagrados

Algunas cuevas funcionaban como espacios ceremoniales. Ya en 1833 Charles Darwin anotó que, para los indígenas, la lejana silueta de la Sierra de la Ventana era una referencia cargada de significado espiritual.

Pampas, tehuelches y la llegada de los mapuche

Durante siglos, el sur bonaerense fue territorio de grupos que las fuentes llaman genéricamente «pampas» y «tehuelches». A partir del siglo XVI, y con fuerza en los siglos XVIII y XIX, se produjo un proceso que los historiadores conocen como araucanización: la creciente influencia —lengua, redes de parentesco, comercio— de grupos provenientes del actual territorio chileno, entre ellos mapuches y borogas.

La incorporación del caballo y el interés por el ganado transformaron la vida en la pampa. Se formaron circuitos comerciales que movían miles de animales por las rastrilladas (los grandes caminos indígenas) hacia las salinas, Mendoza o el otro lado de la cordillera. Las sierras de Ventania fueron a la vez refugio, aguada y punto estratégico en ese mapa de rutas y alianzas cambiantes.

Conviene recordar que este no era «un desierto». Era un territorio habitado, con economía, política y ceremonias propias —algo que buena parte de los relatos posteriores tendió a borrar.

La comarca como línea de frontera

Fuertes, fortines y el avance del Estado sobre el territorio indígena

Durante el siglo XIX, el área de Ventania se fue convirtiendo en una zona de frontera: primero de contacto y comercio, luego de conflicto abierto. El Estado en formación fue instalando fuertes y fortines y corriendo la línea hacia el sur, mientras se sucedían malones, campañas militares, parlamentos y treguas.

Mapa de época de la provincia de Buenos Aires en tiempos de la Conquista del Desierto: en él pueden leerse la línea de frontera, los fuertes y fortines, y localidades como Pillahuinco, al pie de la Sierra de la Ventana.

1824 · 1826 · 1833

Campañas militares de Rodríguez, Rauch y Rosas sobre los grupos indígenas del área de Ventania.

1833

Charles Darwin pasa por la región y deja testimonio del paisaje, el ganado y la importancia simbólica de la Sierra de la Ventana para los indígenas.

1858 · 1876

Batallas de Pigüé (1858) y de Curamalal Chico (1876), ambas con victoria del ejército y avance de la frontera.

1862 – 1877

Se establecen fuertes y fortines en toda la comarca. El fortín de Saldungaray permanece activo en este período; el pueblo nace después, a su alrededor.

1879 en adelante

La llamada «Conquista del Desierto» consuma la ocupación efectiva del territorio y el desplazamiento definitivo de las comunidades indígenas.

Detrás de las fechas hubo comunidades enteras desplazadas o eliminadas. Contar esta historia con honestidad —reconociendo a quienes habitaban antes estas sierras— es parte de cuidar el lugar.

Pueblos, ferrocarril e inmigrantes

Con la frontera «cerrada», la comarca se pobló de nuevos habitantes. Llegó el ferrocarril y con él oleadas de inmigrantes: alemanes del Volga en las colonias de Coronel Suárez, franceses en Pigüé (1884), además de italianos, españoles, vascos y otros. Nacieron o se consolidaron los pueblos que hoy forman la Comarca de Sierra de la Ventana.

La ciudad cabecera, Tornquist, se fundó en 1883 por iniciativa del empresario Ernesto Tornquist, que impulsó la llegada de colonos suizos, alemanes y austríacos. Saldungaray surgió hacia 1900 en torno al viejo fortín. Y todavía hoy la tierra sigue devolviendo su pasado: en 2013, en Villa La Arcadia (Coronel Suárez) —donde se emplaza Jardines del Pillahuinco— se halló un cementerio de pueblos originarios, posiblemente tehuelche, con cuerpos enterrados mirando hacia el este, hacia las sierras de Ventania.

Mitos y curiosidades

«¿Los menhires de Ventania los hicieron vikingos?»

Circula por internet una teoría llamativa: que las piedras paradas y estructuras de piedra de Ventania y Tandilia serían obra de vikingos o «troyanos» europeos llegados siglos antes que Colón, y no de los pueblos originarios. Aparece incluso en algunos materiales que se comparten sobre la zona.

Qué dice la evidencia: se trata de pseudohistoria sin sustento. La arqueología profesional atribuye con claridad esas estructuras y el arte rupestre a las sociedades indígenas locales, a lo largo de miles de años. La teoría «vikinga» se apoya en el autor Jacques de Mahieu —un ideólogo de extrema derecha desacreditado— y su trasfondo es negar la presencia de los pueblos originarios. La incluimos solo para dejarla claramente identificada como mito.

Sierras, patrimonio y naturaleza

Hoy la Comarca de Sierra de la Ventana es uno de los destinos serranos más queridos de la provincia. Su centro es el Cerro Ventana, con la característica perforación natural que le da nombre, dentro del Parque Provincial Ernesto Tornquist. Allí funciona el Jardín Botánico Pillahuinco (Universidad Nacional del Sur), dedicado a la flora nativa y a especies endémicas y rarísimas que solo crecen en estas sierras.

El patrimonio también es arquitectónico: la comarca conserva varias obras monumentales del arquitecto Francisco Salamone en Tornquist y Saldungaray, junto a estaciones de ferrocarril, iglesias y el histórico Club Hotel de la Ventana.

Todo ese patrimonio —el arqueológico incluido— está protegido por la Ley Nacional 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico. Las pinturas rupestres y las piedras paradas son un recurso no renovable: cuidarlas es responsabilidad de quienes vivimos y visitamos la comarca.

Cerro Ventana

La cumbre con la «ventana» de roca que da nombre a todo el sistema serrano. Ascenso clásico de la comarca.

Parque E. Tornquist

Reserva natural provincial y hogar del Jardín Botánico Pillahuinco y su flora endémica.

Obras de Salamone

Arquitectura monumental de los años 30 en Tornquist y Saldungaray: portales, mataderos y municipios.

Vivir esta historia, todos los días

Jardines del Pillahuinco nace al pie de estas sierras, en Villa La Arcadia, una de las regiones con más historia y naturaleza del sur bonaerense. Si querés conocer más sobre el proyecto y la comarca, escribinos.

Fuentes y para seguir leyendo

Investigaciones académicas

Panizza, M. C. (2015). «El área de Ventania en la conformación de la línea de frontera durante el siglo XIX». Revista TEFROS, vol. 13, N° 2, pp. 83-107.


Panizza, M. C.; Devoto, M. G.; Oliva, C. y Sfeir, A. (2013). «Comprensión del imaginario colectivo para la protección del patrimonio arqueológico monumental del Sistema Serrano de Ventania». Revista del Museo de La Plata, Antropología 13 (87). UNLP.


Oliva, F. y Panizza, M. C. (2013). «Programa de educación y capacitación para la conservación del arte rupestre de Sierra de la Ventana». Mundo de Antes, N° 8, pp. 159-177.


Ramírez Beltrán, J. «Propuesta de circuito turístico en la Comarca de Sierra de la Ventana». Universidad Nacional del Sur.

Relatos, prensa y documentos

«Leyenda del Pillahuincó» — texto de Aldo Pirola, ilustraciones de Julia M. Vitale de Artola (Pringles, 1993). Versión en línea.


«Increíble hallazgo de un cementerio de Pueblos Originarios en Villa La Arcadia» — Tornquist Distrital / Municipio de Coronel Suárez (2013).


Honorable Senado de la Nación (2016). Pedido de informes sobre el cumplimiento de la Ley N° 25.743 de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico en el Sistema Serrano de Ventania.


Botta, J. «La región pampeana y sus pobladores originarios». Presentación (Prezi).

Enlaces de interés compilados por el equipo